Razones para la esperanza: universitarios del Paraguay

Desde España sigo la rebelión estudiantil en Paraguay. Y me acuerdo de mi amigo Artur, que allá por 1989 se levantaba en la asamblea de Filosofía y Letras de la UNA pidiendo la renuncia de la decana. Fracasó en ese momento. Quizás ahora mire con esperanza las protestas.

Como las miro yo, cuando veo a mis alumnos y alumnas de los másteres y del bachillerato, y a mis sobrinas del alma, armar lío, pero del bueno. No puedo, por cierto, contemplar sin envidia a una juventud que, como la paraguaya, sabe abrazarse a la ilusión y soñar con nuevas primaveras: son aires frescos que no soplan por estas tierras en las que habito, tan mustias, tan a la deriva.

En reiteradas ocasiones, durante mis asignaturas de máster en la universidades nacionales de Asunción, de Ciudad del Este y de Pilar (Filosofía de la Educación, Literatura paraguaya e hispanoamericana, por ejemplo), me he detenido en hablar con mis alumnos y alumnas del espíritu universitario. Porque la universidad es un ámbito en el que debe primar la ética, la búsqueda compartida de la verdad, el intercambio generoso, el diálogo creativo y respetuoso entre docente y discente, pues ambos son parte de la misma comunidad. Sé a ciencia cierta que algunas y algunos recordarán mis alusiones a celos sin sentido, a personalidades hinchadas de soberbia, a recelos y engaños, e incluso a la aceptación inconsciente de que pasar por ciertas camas para aprobar o escalar puestos es algo normal, vicios todos estos de los que he tenido noticia cierta en los años en los que trabajé en varias universidades.

Muchos, además, sabrán que la elaboración de ciertas tesis doctorales valían 3000 dólares como mínimo desde 1999, y que todo empezó con una viaje de varios jueces y miembros de la Corte Suprema a una ciudad hermosa y algo aislada a orillas del río Paraguay. De hecho, varias veces se publicó la noticia en algunos medios, aunque ninguno de ellos llegó hasta el final de la investigación.

Otros habrán tenido noticia de lo que costaba la aprobación de una universidad privada cuando el trámite pasaba por el Congreso, y estarán al tanto de que en el Ministerio de Educación, a pesar de esfuerzos aislados, la política y el amiguismo han reinado en sus pasillos y despachos durante demasiado tiempo. Ahora dicen que la Reforma fue un fracaso: si hubieran escuchado antes a tantos y tantos docentes. Pero la plata era mucha, y tenía que llegar… ¿adónde?

Hay motivos para la protesta, para la movilización. Y hay recambio: tantos y tantas profesores y profesoras con un curriculum magnífico, entregados a la educación, pero a los que solo se les ofrece unas horas de clase, sin apreciar lo que valen. Es una lista larga y, curiosamente, de nombres ajenos a la política partidista.

Que la protesta traiga aires de renovación, cuanto antes, ¡ahora! Aires que no provengan de partidos ni de ideologías, ni de intereses económicos ilícitos. Todos somos hijos de la misma tierra y todos, en el fondo (aunque algunos muy muy muy en el fondo), coincidimos en la patria que soñamos.

Razones para la esperanza: universitarios del Paraguay